Los Ecologistas y El Canfranc

Este documento ha sido ratificado por:

 

Ø      Fundación Ecología y Desarrollo

Ø      Fundación Quebrantahuesos

Ø      Greenpeace

Ø      Ecologistas en Acción

Ø      IPCENA

Ø      Asocociación Naturalista de Aragón

Ø      SEO-Birdlife

Ø      Conseil International d’ Associations pour la Protection des Pyrénnes (CIAPP)

 

La reciente muerte de la osa Cannelle, a consecuencia de una partida de caza en el valle de Aspe, ha puesto en evidencia la debilidad del ecosistema pirenaico. El oso ocupa el vértice de la pirámide biológica de la cordillera, pero la pérdida de esta hembra de oso pardo amenaza la supervivencia de la especie, porque no quedan más que cuatro hembras de un total de 18 ejemplares censados, con lo que la supervivencia de la especie está amenazada o quizá incluso sentenciada. La causa inmediata de su muerte han sido los disparos de un cazador y ello debería llevar a debatir los límites de la actividad cinegética en el Pirineo. Pero no podemos olvidar que la verdadera causa de la desaparición del oso del Pirineo, como antes del bucardo y de tantas otras especies animales y vegetales ya perdidas o en riesgo de extinción, es la progresiva y abusiva ocupación del espacio pirenaico por el hombre y sus actividades, no siempre respetuosas con un medio natural tan hermoso y a la vez tan frágil.

Resulta incluso paradójico que la muerte de Cannelle se haya producido en Francia. Precisamente el valle de Aspe, junto con el de Ossau y, muy esporádicamente, alguna zona de los españoles de Oza y Zuriza, alberga a los últimos osos pardos autóctonos de la cordillera. Y los osos no se han refugiado en él por casualidad. Los habitantes del valle de Aspe han sabido mantener un sabio equilibrio entre sus actividades agropastoriles tradicionales y las más modernas derivadas del turismo, de forma que, incluso sin figuras de protección (la de parque nacional solo afecta a una pequeña parte de la cabecera del valle), es uno de los espacios naturales mejor conservados de todo el Pirineo.

En ningún caso Cannelle hubiera podido morir en el vecino valle de Canfranc, porque todo él se encuentra o bien urbanizado (hasta en su misma cabecera, con las estaciones de esquí de Astún y Candanchú) o bien fragmentado por una carretera diseñada para que los automóviles desarrollen altas velocidades y que carece de pasos para la fauna. Y lo mismo podría decirse del inmediato valle de Tena, donde la ampliación de la estación de esquí de Formigal está destrozando la zona antes virgen de Espelunciecha, hasta el mismo mojón de la frontera.

La fauna y la flora, la montaña misma está seriamente amenazada por esa excesiva e irrespetusa ocupación del espacio pirenaico. La degradación y aún la mera falta de respeto al medio ambiente de una cordillera de las reducidas dimensiones de la pirenaica pueden significar el declive o incluso el hundimiento de la actividad turística que se desarrolla en la misma y de la que viven sus habitantes. Salvo los esquiadores de alpino, los turistas acuden al Pirineo para disfrutar de una naturaleza bien conservada y no volverán si no la encuentran. Por lo tanto, no se trata de contraponer el respeto al medio natural con la mejora de las condiciones de vida de los pirenaicos, porque uno y otra son inseparables.

El paisaje del Pirineo no es totalmente virgen, sino que se encuentra altamente antropizado. Hasta hace poco la actuación humana era más moderada y respetaba los valores paisajísticos y biológicos de las montañas. Pero ahora el hombre está ocupando el espacio natural pirenaico con urbanizaciones excesivas que permanecen vacías la mayor parte del año y vierten sus aguas residuales sin depurar a ríos que acaban de nacer, con embalses que inundan las mejores tierras impidiendo que se mantenga la actividad agraria, con carreteras que no se adaptan a las limitaciones de la orografía de la zona y con pistas forestales construidas sin el menor cuidado y que llegan hasta los antiguos y antes inviolados circos glaciares, con líneas de alta tensión que afean el paisaje y causan la muerte de las aves, con antenas de telefonía móvil que se elevan, irrespetuosas, en los picos más emblemáticos.

Muchas de estas infraestructuras son necesarias para mejorar las condiciones de vida de los habitantes de la montaña y para atender a los turistas que las visitan, pero en su diseño y construcción debería tenerse un exquisito cuidado, a fín de no traspasar los límites que impone actuar en una zona tan sensible como el Pirineo.

Para ello, antes de decidir cualquier actuación en materia de infraestructuras, deben plantearse con, rigor en terminos de coste beneficio tres interrogantes: ¿para qué?, ¿dónde? y ¿cómo?

En una reunión organizada por la Comunidad de Trabajo de los Pirineos en Andorra, hace algunos años, se convino que, en lo que se refiere a la primera pregunta, el orden de prioridades debería ser: primero, para atender a las necesidades de los habitantes del Pirineo; segundo, para facilitar la llegada de los turistas; y solo en tercer lugar para atender al tráfico de paso, que no se consideraba deseable.

Pero, precisamente, uno de los mayores problemas a los que la cordillera se enfrenta a corto plazo es el del tránsito de mercancías de larga distancia. La incorporación de España y Portugal a la Unión Europea ha multiplicado el volumen de los intercambios comerciales entre la península Ibérica y el resto de Europa. Decenas de miles de camiones atraviesan cada día las fronteras de Irún y La Junquera, y cada día que pasa aumenta el número de los que utilizan los pasos centrales del Pirineo (Puigcerdá-La Tour de Carol, Viella-Les, Canfranc-Urdos y Dancharinea-Saint Jean de Pied du Port). Este tráfico creciente de vehículos pesados destroza el paisaje al exigir ampliar continuamente las carreteras, contamina el aire, espanta y diezma la fauna salvaje, provoca ruido y causa accidentes cada día más graves. En el caso de los camiones que transportan mercancías peligrosas, es evidente la amenaza de provocar una auténtica catástrofe ecológica.

El paso de Somport es el que tiene un futuro más negro en este sentido. En enero de 2003 se abrió el nuevo túnel carretero internacional que, sin ninguna duda, va a atraer un tráfico muy elevado. Aunque las cifras son todavía modestas, hay que tener en cuenta que los accesos en la parte francesa están todavía sin terminar de acondicionar y, en la española, presentan tramos disuasorios tan importantes como el puerto de Monrepós (en el Prepirineo) o la peligrosa carretera que une Zaragoza y Valencia. Pero, dentro de cinco años, estas dos ciudades estarán unidas por una autopista gratuita, habrá otra entre Huesca y Lérida, y la autopista actual llegará hasta Jaca, “laminando” Monrepós.

En otras palabras: en 2009 habrá una autopista gratuita desde Valencia (buena parte del tráfico pesado internacional tiene su origen en el sudeste de la península Ibérica) hasta casi el túnel de Somport y, en ese momento, este itinerario competirá con ventaja frente a las autopistas laterales de peaje. El obstáculo del tramo de carretera deficiente en Francia será muy pequeño en relación con las ventajas que encontrarán los camiones en el resto del itinerario. Dentro de cuatro o cinco años, pues, los camiones van a invadir los valles de Canfranc y Aspe, degradando su medio ambiente y destruyendo el modo de vida de sus habitantes, basado en el turismo.

De la misma forma, deploramos que sigan contemplándose en el Pirineo central viejos proyectos de travesías carreteras (túnel Luchon-Benasque, túnel del puerto de Salau…) faltos de la más mínimo consenso y sin que se haya hecho una reflexión global, multimodal, apoyada sobre datos y prospectivas realistas. Por otra parte, estos proyectos carecen totalmente de una estimación de su coste, habida cuenta las numerosas incertidumbres técnicas y de las dificultados topográficas que valles tan estrechos imponen a los trazados. Estos proyectos deben ser abandonados porque la banalización del espacio, el coste ecológico y la gran cantidad de capital que exigen resultan cada vez más insoportables para la sociedad. Esta situación es tanto más lamentable cuando otros países (Suiza, Austria…) están adoptando medidas enérgicas para paliar inconvenientes semejantes, tales como el ferrutage obligatorio y arrojan así sobre nuestros ejes carreteros una parte creciente del tráfico europeo norte-sur.

Sin embargo, ese amenazador futuro puede evitarse si se utiliza el ferrocarril para transportar las mercancías que llevarán esos camiones. Zaragoza y Pau estaban unidas desde 1928 por una línea ferroviaria, pero el escaso tráfico que registraba en la época hizo que Francia aprovechara un accidente ocurrido en 1970 para cerrarla entre Olorón y la frontera. Desde entonces, los aragoneses han reclamado reiteradamente la reapertura de este ferrocarril. Su tenacidad y la fuerza de sus argumentos, expresados sobre todo a través de organizaciones como la Coordinadora para la reapertura del ferrocarril Canfranc-Olorón (Crefco) y el Comité pour la réouverture de la ligne Oloron-Canfranc (Créloc), consiguió que, en las “cumbres” hispano-francesas de Santander (2000) y Perpignan (2001), los dos gobiernos decidieran volver a ponerla en servicio.

Pero, tras el último cambio de Gobierno en Francia, el ejecutivo galo se volvió atrás de su compromiso y el proyecto de reapertura ha quedado paralizado. Sin embargo, la demanda es justa y debe mantenerse.

El próximo 7 de diciembre, ambos gobiernos van a celebrar en Zaragoza su “cumbre” anual en la que hablarán de los temas que interesan a España y Francia. La reapertura del Canfranc debe estar en el orden del día de la reunión y el Gobierno español debe exigir al francés que cumpla el compromiso que adquirió en Santander y Perpignan. La decisión estaría, además, en línea con la política europea de transportes, que propugna pasar al ferrocarril una buena parte del tráfico de mercancías que actualmente utiliza la carretera; por eso la reapertura figura entre los objetivos del Libro blanco del transporte en Europa.

La recuperación de este paso ferroviario, como alternativa al insostenible de carretera, es posible técnicamente (hay estudios que lo demuestran), sería eficaz (el tren podría transportar la carga de 88.000 camiones al año), sería barata (porque la línea ya existe y solo hay que rehabilitarla), sería social (porque facilitaría las comunicaciones en una zona de población escasa y envejecida) y sería ecológica (porque evitaría los daños ambientales del tráfico de camiones). Reabrir el Canfranc, en suma, sería un ejemplo de cómo se pueden hacer bien las cosas en el Pirineo.

Y el ejemplo podría tener continuidad en otros pasos pirenaicos. Así, debería permitirse el tráfico de mercancías por la línea férrea Barcelona-La Tour de Carol-Toulouse, realizando para ello las mejoras precisas en ambos lados de la frontera. La potenciación de los dos ferrocarriles transpirenaicos, abandonados durante décadas (cerrado en el caso del Olorón-Cafranc), no solo evitaría los daños que el tráfico de camiones puede causar al Pirineo central, sino que permitiría casi duplicar el volumen de mercancías actualmente transportado por ferrocarril entre España y Francia.

Ello, unido a las posibilidades que brindará la mejora de los pasos existentes y las futuras líneas Figueras-Perpignan (a corto plazo) y Vitoria-Dax (a medio plazo), haría posible trasvasar al ferrocarril más de la tercera parte de las mercancías que actualmente se transportan por carretera, evitando el tránsito por Francia de decenas de millares de camiones, con las ventajas de todo orden que ello supondría, no siendo la menor la de hacer más real la posibilidad de alcanzar los objetivos acordados en el protocolo de Kioto.

Por otra parte, no queremos dejar de recordar la necesaria incorporación y efectiva aplicación de criterios ambientales a todos lo proyectos que se vayan a desarrollar en un espacio tan frágil y único como la cordillera Pirenaica.  La continuidad de una actividad económica de calidad y sostenible en el tiempo, que asiente población de forma permanente está vinculada a la conservación del territorio.

 

            Zaragoza, a 1 de diciembre de 2004.

 

 

 

La mort récente de l´ourse Cannelle lors d´une partie de chasse dans la vallée d´Aspe, a démontré la fragilité de l´écosystème pyrénéen. L´ours occupe le sommet de la pyramide biologique du massif montagneux, mais dorénavant la perte de cette femelle d'ours brun menace la survie de cette espèce car il ne reste que 4 femelles sur 18 individus recensés. Les coups de fusil d´un chasseur ont été la cause immédiate de sa mort et cela devrait nous amener à débattre des limites de l´activité cynégetique dans les Pyrénées. Cependant nous ne pouvons oublier que la véritable cause de la disparition de l´ours des Pyrénées, comme celles antérieures du “bucardo” (Capra pyrenaica pyrenaica) et de tant d´autres espèces animales et végétales disparues ou en voie de disparition, est la progressive et abusive occupation de l´espace pyrénéen par l´homme et par ses activités qui ne sont pas toujours respectueuses d´un milieu naturel si beau et en même temps si fragile.

Il est même paradoxal que la mort de Cannelle soit survenue en France. Précisement la vallée d´Aspe, avec celle d´Ossau et, trés occasionnellement, quelques zones de celles d´Oza et de Zuriza, abrite les derniers ours bruns autoctones de la chaîne des Pyrénées. Les ours ne se sont pas réfugiés dans celle-ci par hasard. Les habitants de la vallée d´Aspe ont su maintenir un sage équilibre entre leurs activités agro-pastorales traditionnelles et les plus modernes dérivées du tourisme, de telle façon que, même sans aucune protection officielle (le parc national ne concerne qu´une petite partie du haut de la vallée), celle-ci est un des espaces naturels le mieux préservé des Pyrénées.

En aucun cas Cannelle n´aurait pu mourir dans la vallée voisine de Canfranc, parce que celle-ci est ou bien urbanisée (jusqu´en haut de la vallée avec les stations de ski de Astun et Candanchu) ou bien fragmentée par une route conçue pour que les automobiles puissent rouler à grande vitesse et qui ne possède aucun passage protégé pour la faune. Le même pourrait se dire de la vallée de Tena, où l´agrandissement de la station de ski de Formigal est en train de détruire la zone naturelle d´Espelunchieta jusqu´à la fontière.

La faune, la flore ainsi que la montagne sont sérieusement menacées par cette excessive et irrespecteuse occupation de l´espace pyrénéen. La dégradation et le simple manque de respect de l´environnement d´une chaîne aux dimensions réduites peuvent impliquer le déclin et même l´effondrement de l´activité touristique de laquelle vivent ses habitants. Mise à part les skieurs alpins, les touristes viennent dans les Pyrénées pour profiter d´une nature préservée et ils ne reviendront plus en cas de ne pas la rencontrer. Pour cela, il ne s´agit pas d´opposer le respect du milieu naturel à l´amélioration des conditions de vie des pyrénéens, en effet les deux sont intimement liés.

Le paysage des Pyrénées n´est pas totalement vierge, au contraire il est grandement anthropisé. Jusqu´à assez peu de temps l´emprise humaine etait plus modérée et elle respectait les valeurs paysagistiques et biologiques de la montagne. Mais maintenant l´homme occupe l´espace naturel pyrénéen avec des urbanisations excessivement dimensionnées qui demeurent vident la plus grande partie de l´année et qui déversent leurs eaux résiduaires non traitées dans les cours supérieurs des rivières, avec des barrages qui innondent les meilleures terres empêchant ainsi le maintien de l´activité agraire, avec des routes qui ne s´adaptent pas aux limites orographiques de la zone et des pistes forestières construites sans la moindre précaution qui permettent d´accéder jusqu´aux cirques glaciaires anciennement inviolés, avec des lignes haute-tension qui enlaidissent le paysage et provoquent la mort des oiseaux, et avec les antennes pour la téléphonie mobile qui se dressent irrespectueusement sur les sommets les plus emblématiques.

Beaucoup de ces infrastructures sont nécessaires afin d´améliorer les conditions de vie des habitants de la montagne et pour satisfaire les besoins des touristes qui les visitent, mais dans leur conception et construction il faudrait être trés précautionneux pour ne pas dépasser les limites qu´imposent une zone si fragile comme les Pyrénées.

Pour cela, avant toute nouvelle infrastructure il faut se poser les questions suivantes: pour qui/ pour quoi?, et comment?

Dans une réunion organisée il y a quelques années en Andorre par la Communauté de Travail des Pyrénées, les participants convenirent que, pour ce qui concerne la première question, l´ordre des priorités devrait tout d´abord permettre de satisfaire les besoins des habitants des Pyrénées, ensuite faciliter la venue des touristes, et enfin seulement répondre aux bessoins d´un traffic routier de passage qui en fait ne se considérait pas souhaitable.

Mais, justement, un des problèmes majeurs auquel la chaîne est confrontée à court terme est celui du transit grande distance des marchandises. L´incorporation de l´Espagne et du Portugal à l´Union Européenne a favorisé la multiplication du volume des échanges commerciaux entre la péninsule Ibérique et reste de l´Europe. Des dizaines de milliers de camions passent les frontières à Irun et à La Junquera, et chaque jour le nombre de ceux qui utilisent les passages centraux des Pyrénées augmente (Puigcerdá-La Tour de Carol, Viella-Les, Canfranc-Urdos et Dancharinea-Saint Jean de Pied du Port). Ce traffic croissant de poids lourds détruit le paysage en nécessitant de continuelles ampliations des routes, contamine l´air, effraye et décime la faune sauvage, provoque des nuissances sonores ainsi que des accidents chaque jour plus graves. Pour ce qui concerne les camions qui transportent des marchandises dangeureuses, le risque de provoquer une véritable catastrophe écologique est évident.

Le col de Somport est celui qui a le futur le plus noir dans ce sens. En janvier 2003 s´ouvrit le nouveau tunnel routier international qui, sans aucun doute, va attirer un traffic trés important. A l´heure actuelle ces chiffres sont encore modestes, mais il faut tenir compte que les accés sur le versant français ne sont toujours pas terminés, et que, sur le versant espagnol, il existe des tronçons trés disuassifs comme le col de Monrepós (dans les Prépyrenées) ou la dangeureuse route qui relie Saragosse à Valence. Mais, d´ici cinq ans, ces deux villes seront unies par une autoroute gratuite, il y en aura une autre entre Huesca et Lérida, et l´autoroute actuelle arrivera jusqu´à Jaca, faisant «sauter» le point noir de Monrepós.

Autrement dit: en 2009 il y aura une autoroute gratuite depuis Valence (une partie importante du traffic poids-lourds international a pour origine le sud-est de la péninsule Ibérique) qui arrivera presque jusqu´au tunnel de Somport. Cet itinéraire pourra alors concurrencer trés avantageusement les autoroutes latérales de péage. L´obstacle du tronçon de route médiocre en France sera alors trés faible par rapport aux avantages que les camions trouveront sur le reste du trajet. Ainsi, dans quatre ou cinq ans les camions vont envahir les vallées de Canfranc et d´Aspe, dégradant son environnement et détruisant le mode de vie de ses habitants, basé sur le tourisme.

De la même façon, nous déplorons que de vieux projets de franchissement routiers soient encore envisagés dans les Pyrénées Centrales (Tunnel de Luchon-Benasque, Tunnel du Port de Salau...), en l'absence de toute concertation et sans qu'une réflexion globale, multimodale, appuyée sur des données prospectives réalistes ait été conduite. Ces projets souffrent d'ailleurs d'une absence totale de chiffrage, compte tenu des nombreuses incertitudes techniques et des contraintes (topographiques) qui émaillent les tracés dans ces étroites vallées. Ces projets doivent être abandonnés parce que la banalisation de l'espace, le coût écologique et la mobilisation de capitaux qu'ils exigent apparaissent de plus en plus insupportables à la collectivité. Cette situation est d'autant plus dommageable que d'autres pays prennent des mesures autoritaires pour pallier à ces inconvénients (Suisse, Autriche...), telles que le ferroutage obligatoire et rejettent ainsi vers nos axes routiers une partie croissante du trafic européen nord-sud.

Ce futur menaçant peut être évité si le chemin de fer est utilisé pour le transport des marchandises au lieu des camions. Saragosse et Pau étaient reliées depuis 1928 par une ligne de chemin de fer, mais le faible traffic qu´elle générait permit à la France de profiter d´un accident survenu en 1970 pour la suprimer entre Oloron et la frontière. Depuis, les aragonais ont réclamé de nombreuses fois la réouverture de cette ligne de chemin de fer. La tenacité et la force des arguments, exprimés surtout grâce à des organisations comme la Coordinadora para la reapertura del ferrocarril Canfranc-Olorón (Crefco) et le Comité pour la réouverture de la ligne Oloron-Canfranc (Créloc), permirent que, lors des sommets franco-espagnols de Santander (2000) et de Perpignan (2001), les deux gouvernement décidassent de sa réouverture.

Mais, suite au dernier changement de gouvernement en France, le nouvel exécutif français revint sur son engagement et le projet de réouverture demeure bloqué. Pourtant, la demande est juste et doit être mantenue.

Ce prochain 7 décembre, les deux gouvernements vont célébrer à Saragosse leur sommet annuel, durant lequel ils discuteront des sujets qui concernent l´Espagne et la France. La réouverture de Canfranc doit être inscrite à l´ordre du jour de la réunion et le Gouvernement espagnol doit exiger au français qu´il fasse honneur à l´engagement  pris à Santander et à Perpignan. De plus cette decision serait en concordance avec la politique européennne des transports qui défend le passage au chemin de fer d´une partie importante du traffic de marchandises qui à l´heure actuelle utilise la route. Pour cela la réouverture de canfranc est un des objectifs du Livre Blanc du Transport en Europe.

La réouverture de ce passage ferroviare, comme alternative à une route ne répondant pas aux critères du Développement Durable, est techniquement possible (il existe des études qui le démontrent), elle serait efficace (le train pourrait transporter annuellement l´équivalent de la cargaison de 88.000 camions), elle serait économique (en effet la ligne existe déjà, il faudrait seulement la réhabiliter), elle serait socialement juste (parce qu´elle faciliterait les communications dans une zone peu peuplée et à la population veillisante) et elle serait écologique (parce qu´elle éviterait les impacts négatifs du traffic des camions). Réouvrir Canfranc, en somme, serait un exemple de comment on peut faire les choses bien dans les Pyrénées.

Cet exemple pourrait servir de modèle pour les autres cols pyrénéens. Ainsi, il faudrait permettre le traffic de marchandises sur la ligne Barcelone-La Tour de Carol-Toulouse, en effectuant au prélable les améliorations nécessaires des deux côtés de la frontière. La promotion des deux lignes de chemin de fer transpyrénéens, laissées sans investissement pendant des décennies (et même fermée dans le cas Oloron-Cafranc), non seulement permettrait d´éviter les nuissances que le traffic de camions peut engendrer aux Pyrénées centrales, mais aussi il permettrait de presque doubler le volume de marchandises actuellement transporté par chemin de fer entre l´Espagne et la France.

Cela, joint aux possibilités qu´apportera l´amélioration des connexions existantes et les futures lignes Figueras-Perpignan (dans un court délai) et Vitoria-Dax (à moyen délai), rendra possible le transfert au chemin de fer d´un tiers des marchandises qui sont actuellement transportées par la route, évitant le transit par la France de dizaines de milliers de camions, avec les avantages de tout ordre que cela supposerait, celui de rendre plus réel la possibilité d´atteindre les objectifs fixés par le Protocolo de Kioto n´étant pas le moindre.

D’ailleurs, on ne peut pas rapeller qu’il faut incorporer et appliquer effectivement les critères environnamentaux a touts les projets a developper dans un espace si fagil et unique comme la chaîne Pyrénéene. La continuité d’une activité économique de calité et durable, capable de fixer la population de manière permanent est liée a la préservation du territoir.

 

            Saragosse, le 1er Décembre 2004.

 

 

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